viernes, 9 de junio de 2017

martes, 18 de abril de 2017

La otra Penelopea


A ella jamás se le vio detrás de la ventana con el tejido de la espera sobre el regazo,  celebraba con vino y carne asada, brindando con sus recuerdos de mañana.

Imagen de @reddwalitzki

martes, 21 de marzo de 2017

Dar de comer al hambriento


En recuerdo del tío Tarcisio, papá de mis primos García Soto

A tío Chicho se le ve por el mercado con una bolsa de mandado en cada mano. Los dependientes de los puestos lo saludan con familiaridad porque seguro tienen un aparato electrónico o una máquina de escribir que tío Chicho reparó alguna vez, y le ofrecen sus mejores chiles, cilantro, jitomates, cebollas. Como también es administrador de la Unión Ganadera local, eso le asegura a la familia de tío Chicho barbacoa y montalayo de primera; las carnitas y el chicharrón más frescos; los bistecs y las costillas más suaves. Fruta de temporada, jugos de naranja y de zanahoria, tortillas y semitas, dulce de membrillo y gelatinas con rompope completan el mandado.
Es por todo eso que a media mañana los sobrinos, hermanos y cuñadas de tío Chicho se aparecen sorpresivamente por la casa. Entre saludos y bostezos, Lalín sepulta el trozo de barbacoa en sus dos tortillas con salsa pico de gallo. «¡Uta, pica un chingo!», se queja el Gabo Gordo,  y pide a Toni que le sirva un vaso de jugo de naranja. A eso de la una de la tarde el lugar comienza a vaciarse. La última en dejar el comedor es tía Trini, que muy seria le dice a su esposo que no deje remojar tanto los trastes, porque se apestan.
—¡Y apúrate a ir al mercado, Chicho, que ya casi es hora de comer!


Las metamorfosis de Diana (Fábulas para leer en el naufragio), Lagarta azul, 2015.

martes, 24 de enero de 2017

Juicio



A donde quiera que voy, oigo  decir a la gente que bajo la capucha del verdugo se oculta el rostro de un hombre triste y atormentado por sus actos. Nada más lejos de la realidad: por las noches, cuando me despojo de la máscara, sólo veo a mi propio verdugo, que aguarda paciente.