lunes, 20 de noviembre de 2017

7 Lección de historia [Celaya]


—Yo estuve presente en la Batalla de Celaya, donde derrotaron al Centauro del Norte, y de su famosa División no quedaron ni rastros. Pero el costo que pagó mi general Obregón por el triunfo fue alto, y doloroso.
El dueño del bazar de antigüedades es un hombre mayor, pero se nota a leguas que no le alcanzan los años para ser contemporáneo de la Revolución.
Y así se lo hago saber.
—¡Ah que gente tan desconfiada hay hoy en día! ―responde sin inmutarse―. Por si le interesa, también tengo la pierna de mi Alteza Serenísima y los pies chamuscados del último tlatoani. ¿Quiere verlos?

jueves, 16 de noviembre de 2017

6 Donde van a beber agua [Atarjea]



Por aquí nunca ha pasado nadie gritando: ¡Viva la Independencia! ¡Viva la Reforma! ¡Viva la Revolución! Por eso le pregunto: ¿qué es eso?, ¿con qué se come?, ¿en qué nos beneficia? Si acaso, ahí de vez en cuando se aparece por Atarjea algún extraño que ha perdido el rumbo. ¡Vaya usted a saber qué pasos lo trajeron pa’ca pal’ monte! En fin, amigo, en esta tierra dejada de la mano de Dios y del Diablo, todos somos gente de bien. ¿A nosotros qué nos importa quién es usted, qué fue lo que hizo, de quién anda huyendo? Ande, mejor bébase este jarro de agua fresca, se le nota que viene muerto de sed.


miércoles, 15 de noviembre de 2017

5 El poeta, el desahucio y el vandalismo [Apaseo el Grande]


“Un poeta es un ser desahuciado. El amor, los hijos, la vida en general son entidades etéreas que el bardo no puede ver con la misma objetividad con que lo hace el resto de los mortales. El único momento en que el poeta consigue materializar el mundo que lo rodea es cuando lo convierte en palabra escrita, aunque jamás nadie lo lea”.

Inscripción conmemorativa en una placa de bronce en la casa donde nació el poeta Antonio Plaza, en Apaseo el Grande, Guanajuato. Debajo alguien grafiteó con letras rojas:

(“Y me vale madre lo que digan los güeyes de Allá Arriba”)

lunes, 13 de noviembre de 2017

4 Origen [Apaseo el Alto]


Ustedes, los habitantes de Allá Abajo, presumen de tener entre sus personajes ilustres a un poeta y a un dramaturgo. Está bien, sería de tontos negar la importancia del arte en la vida de todos los pueblos. Pero aquí, en Apaseo el Alto, también tenemos lo nuestro. Y si no me cree, nomás juzgue. Por un lado, somos herederos del más grande alfarero del que se tenga razón; y por el otro, somos descendientes de dos ilustres trabajadores de la madera… ¿Qué quiénes son ellos? ¡Ave María Purísima, compadre! ¿De qué le sirve tanta poesía y dramaturgia si desconoce lo esencial? Si no pronunciamos sus nombres en voz alta es por recato. Pero puede sacar sus conclusiones, ¿no cree?

viernes, 10 de noviembre de 2017

3 Apuntes de toda una vida [San Miguel de Allende]


Vine a San Miguel de Allende en busca de la paz que tanto necesitaba, esa paz que nunca tuve en mi eterno ir de aquí para allá por el mundo. En mi trabajo, servir a tu país es más de sacrificios que de compensaciones. Cuando llega el retiro, y con él la hora de borrar el pasado y comenzar de nuevo; en un instante eres nadie. Fue entonces que una voz en mi interior me dijo: “Vete a San Miguel de Allende, Guanajuato, allá está tu destino, allí siempre tendrás a la mano todo lo que quieras. Y si la nostalgia te acosa, habrá cientos, miles de tipos como tú en el parque, en el café, en el restaurante en que te metas. No seas güey, Johnny, ya no lo pienses tanto. Vete a San Miguel y vive como rey. Yo sé lo que te digo…”.


Green, Johnny, “el Fantasma”, Memorias de un ex agente de la CIA que se jubiló con horrores.